A pesar de tener a varios jugadores referentes, la selección no convencía, pero tras pasar la fase de grupos y vencer a Uruguay, Inglaterra con la recordada ayuda de la “Mano de Dios”, y a Bélgica en semifinales, lograron hacerse de la confianza necesaria para enfrentar la final.
Para el encuentro, el entonces técnico de Argentina, Carlos Bilardo, alineó a Pumpido, Batista, Brown, Burruchaga, Cuciuffo, Maradona, Valdano, Enrique, Giusti, Olarticoechea y Ruggeri.
Sin embargo, los teutones sembraron pánico tanto a jugadores como aficionados argentinos, tras anotar al 74 y al 80 y empatar el encuentro.
La tensión y los nervios dominaron a los seguidores que nos encontraban en el imponente Azteca, y para aumentar más le emoción y hacer de ese Mundial una de sus participaciones más memorables, Maradona asistió de una manera sublime a Burruchaga, quien marcó para finiquitar el encuentro y proclamarnos campeones del mundo.
Casi sin voz y con lagrimas y sonrisas permanecimos mas de una hora en el estadio festejando riendo y cantando con la alegría de saber que volvíamos al país con la copa y el orgullo de ser Argentinos.
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